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©JUAN BRENNER Y BYRON MÁRMOL ©BYRON MÁRMOL©LUCY ARGUETA©WILLIAM NATHAN©EDITH MAYBIN©FERNANDO MONTIEL KLIMT

Por Luisa González-Reiche
Fotos cortesía de los Artistas

La fotografía es un medio cotidiano. En Latinoamérica, si bien no ha tenido la misma visibilidad que tiene en Europa y Estados Unidos, la producción fotográfica ha crecido de forma significativa en los últimos años. Así, gracias a su capacidad de adaptación, la fotografía se ha hecho de un espacio especial dentro de el arte. Internacionalmente, ningún otro medio se ha representado de formas tan distintas. En la actualidad cuestionarnos sobre si la fotografía es arte o no, ya no tiene cabida "finalmente, después de casi 200 años de debate". Su presencia, cada vez mayor en exhibiciones contemporáneas en los grandes museos y galerías, así como el surgimiento de certámenes y festivales dedicados exclusivamente al medio, son sólo algunos ejemplos.

A lo largo de la historia, la fotografía ha sufrido un sinnúmero de transformaciones, llevándonos por una especie de laberinto. La imagen que por décadas hemos visto en anuncios, revistas de moda, albumes familiares, archivos científicos, periódicos, etc., se volvió tan accesible y tan habitual, que el medio por sí sólo parecía no tener mayor importancia y mucho menos una trascendencia artística. La fotografía latinoamericana en general hasta hace pocos años todavía era vista con desdén, relacionándosele a imágenes exóticas, folclóricas y costumbristas. Con ello, a partir del Primer Foro de Fotografía Latinoamericana, realizado en México en 1978, parecieron sentarse las bases de los esquemas ideológicos desde los que se evaluaría la fotografía latinoamericana durante varias décadas, pero aún condicionados por la imagen latinoamericana. Sin embargo, actualmente se identifica por un común denominador: como dice Claudi Carreras, en América Latina los procesos de creación surgen en plena efervescencia política, económica y social, dando paso a una tendencia principalmente documentalista.
Ese documentalismo, empero, no es sencillo, no sigue una receta específica y su resultado nunca es literal. Así, con una amplia diversidad de resultados, la fotografía nos ha venido a mostrar que su función no es solamente la de hacernos ver la realidad sino reinterpretarla, llevando a la imagen a niveles nunca antes imaginados. El hecho de que en algunos casos, principalmente en nuestra región, se siga argumentando en contra de ella no se debe a su inconsistencia sino al hecho de que sus posibilidades críticas y creativas son hoy más vastas que nunca.
En países que aún lidian con las consecuencias de un conflicto armado, siglos de imposición y sensura, la práctica artística responde a la necesidad de expresarse, quizá como un afán por alcanzar una posmodernidad que aún no encuentra, siendo a la vez víctimas del bombardeo mediático de la globalización. De ahí el crecimiento vertiginoso de la escena fotográfica que, de aquí en adelante, si mira hacia adentro de nuestros países tanto como hacia afuera, sólo puede conseguir un lenguaje propio y por medio de éste, la (re) definición de nuestra identidad.

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